No fue la mejor de las comparaciones la que hizo José Antonio Meade sobre el espíritu que lo imbuye en su camino por intentar ganar la Presidencia el primero de julio.

Las elecciones del Edomex, como ejemplo a seguir, no son la mejor de las fórmulas. El candidato de la alianza que encabeza el PRI está tratando de acercarse lo más que pueda al tricolor. Cada vez hay más elementos que muestran que para muchos al interior del partido Meade no sólo es el “externo”, es alguien ajeno al partido. A estas alturas la relación entre el precandidato y el priismo está en los terrenos del ni contigo ni sin ti.

Del gran número de denuncias que se presentó en la elección del Edomex, muchas de ellas fueron soslayadas; es la manifestación de lo que se vivió a lo largo del proceso. La presencia de funcionarios federales con todo y sus “paquetes” de ayuda se convirtió en una parte del proceso; algunos la definieron como una “elección de Estado”.

A esto recordemos que Morena no quiso aliarse al PRD, hecho que resultó definitivo en el resultado. Las llamadas fuerzas de izquierda llegaron divididas, lo que favoreció al PRI, a lo que se sumó que al final a Delfina Gómez, candidata de Morena, la dejaron sola.

Si el espíritu del Edomex va a acompañar a Meade vamos directito a un choque de trenes. Iríamos a una confrontación que, podría llevar a que en medio de la descarnada lucha por la Presidencia, Morena y el Frente terminen por unirse en sus denuncias; esto sí los pudiera juntar.

El cierre de José Antonio Meade lo obliga a replantearse buena parte de lo que ha hecho. Podrán argumentar en su equipo que logró el objetivo de que fuera conocido; sin embargo, es claro que hay muchas lagunas en su relación con la sociedad.

Sumemos a esto que Mikel Arriola se metió en terrenos que no le vienen nada bien a él, al PRI y a la libertad bajo la que se vive, en medio de las inevitables contradicciones, en la Ciudad de México; como bien lo explicó ayer en estas páginas Rubén Cortés.

El cierre de Meade no fue el único que dejó dudas. Ricardo Anaya se fue a Veracruz, en donde Miguel Ángel Yunes se la ha pasado de bronca en bronca y de polémica en polémica. Su imagen no pareciera venirle bien en este momento al candidato del Frente. Suponemos que fue a Veracruz obviamente por votos, en un acto más del pragmatismo de la política mexicana.

López Obrador cerró en Zacatecas. Sabe que lleva una ventaja real desde donde se vea. La clave es que no se convierta de nuevo en enemigo de sí mismo. La abierta confrontación PAN-PRI le está ayudando.

Al contrario diferencia de lo que pasó en 2006, pareciera que las diferencias entre estos partidos ahora sí van en serio. En aquella elección al final entre la mano de Fox, los errores de López Obrador, la coalición PAN-PRI y Calderón inclinaron de manera muy cuestionable la balanza. Esa alianza, por lo menos por ahora, no aparece ni se vislumbra por ningún lado.

Las precampañas vinieron a confirmar el gran hartazgo que existe en la sociedad, el cual tiene como depositarios al PRI y al PAN, en este estricto orden.

También se vislumbran cuáles podrían ser los resortes del voto ciudadano, que como nos decía ayer José Antonio Crespo, será “emocional no racional”.

RESQUICIOS.

Así nos lo dijo ayer Eunice Rendón, Agenda migrante:

En los últimos años ha aumentado casi 300% el precio que los polleros cobran por ayudar a cruzar la frontera. Hoy se cobran hasta 30 mil dólares por un cruce. El tráfico se terminó convirtiendo en trata de personas con actores más peligrosos.

En el proceso de reintegración hay una palabra mágica, empatía. Nos debemos poner en el lugar del otro para entender que no es lo mismo un migrante que estuvo allá un año a alguien que estuvo 20 y lo deportan. Alguien que ya no tiene familia en México o alguien que sus hijos son americanos. Esta situación obliga a un modelo empático y diferenciado según las características del migrante.

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