ITINERARIO POLÍTICO.

Pueden decir misa, lo pueden justificar con el cielo y las estrellas y hasta pueden creer que engañan a los ciudadanos.

Sin embargo, lo cierto es que el presidente pretende sobornar a los militares cuando les ofrece la responsabilidad de construir y administrar un aeropuerto, cuando les regala el usufructo de un rentable negocio inmobiliario y –sobre todo–, cuando entrega a los militares la Guardia Nacional.

Y es que en democracia las fuerzas castrenses –militares y marinos–, nada tienen que hacer en la construcción y administración aeroportuaria; nada tienen que hacer en el negocio inmobiliario y menos en labores de policía.

Pero, sobre todo, nada justifica que los militares se metan a perseguir delitos y menos a detener a los presuntos delincuentes.

Por eso, frente al intento de soborno a los militares mexicanos –que está en marcha desde el gobierno de Obrador–, las preguntas obligan.

¿Por qué el presidente Obrador y toda su claque mudaron de manera repentina su rechazo a la militarización institucional y hoy –sin explicación–, defienden a capa y espada la militarización? ¿Por qué y para qué ese inexplicable cambio de postura y, sobre todo, el soborno a los militares?

¿Por qué la reforma al 19 constitucional, que incluye la detención preventiva en una larga lista de presuntos delitos graves, en especial delitos electorales y de corrupción? ¿Por qué el debilitamiento de los contrapesos, como el Congreso y la Corte? ¿Por qué desacreditar los órganos autónomos y por qué aplastar a las INGs?

¿Por qué la persecución de los críticos y el sometimiento de los medios privados? ¿Por qué utilizan los medios públicos –violando la Constitución–, para la propaganda que exalta la figura presidencial? ¿Por qué la persecución de empresas y empresarios incómodos?

¿Por qué a nadie le importan las sospechosas muertes de periodistas y opositores al gobierno de AMLO –como la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, de su esposo el senador Rafael Moreno Valle; del empresario Carlos Martín Bringas y del líder social Samir Flores–, y por qué tampoco importan tragedias como el estallido en Hidalgo, que causó 131 muertes?

La respuesta a esas interrogantes está a la vista de todos.

Y es que cualquiera que compare la evolución de las dictaduras en el mundo con lo que ha ocurrido en los primeros 85 días del gobierno de AMLO, sin duda llegará a la conclusión de que vivimos una peligrosa “predictadura” y que en esa fase, López Obrador se prepara para erigirse en dictador.

¿Por qué esa conclusión?

1.- Porque si López Obrador consigue sobornar a las fuerzas castrenses con negocios pingües como el aeropuerto, empresas inmobiliarias y el papel de policías investigadores, tendrá el camino libre para la reelección; para la dictadura.

2.- Porque con la reforma al artículo 19 de la Constitución, Obrador podrá llevar a prisión a quien le plazca; sea político, empresario, líder social, periodista, crítico y, en general, a todo aquel que se oponga a su dictadura.

3.- Porque con los medios privados sometidos y los medios oficiales convertidos en propagandistas, no habrá crítica ni libertad de expresión ni libertades básicas.

4.- Porque sin órganos autónomos y sin ONGs, nadie podrá exigir el respeto a la legalidad, a la Constitución y a las libertades básicas.

5.- Porque si hoy –y todos los día de su gobierno–, Obrador fusila sin ton ni son y sin pruebas a todo aquel que lo cuestiona, es fácil imaginar lo que hará con todo el poder y todos los instrumentos de un dictador

6.- Porque con todo el poder, Obrador puede someter a gobernadores, grandes empresarios y puede llevar a México a una locura como la que se viven en Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua, por citar sólo a los sátrapas de América Latina.

7.- Y, sobre todo, porque no es casual que los mayores adoradores de las dictaduras de Venezuela y Cuba, sean desde López Obrador, pasando por la presidenta de Morena y terminando con buena parte de los intelectuales orgánicos del “lopezobradorismo”.

Hoy muchos se niegan a reconocer que el camino de López Obrador es el de un dictador sin más principios y más objetivos que su delirante ambición sin límite.

Pero también es cierto que hoy en México, igual que en la Alemania nazi, muchos están acobardados y muchos otros aun creen que pueden obtener beneficios de la antidemocracia.

Y pueden seguir ciegos y sordos ante el peligro que amenaza con destruir la democracia mexicana, pero tarde o temprano la historia se los reclamará.

Al tiempo.