Durante mis viajes en el trasporte público me ha tocado escuchar a mujeres de todas las edades hacer llamadas para pedir a algún familiar o amigo que las esperen en cierto lugar para llegar a salvo a su destino; pero una conversación me llamó la atención en especial.

Una joven hablaba con su mamá, y no era que estuviera de chismosa, si no que en las unidades de trasporte no hay privacidad; la chica mencionaba que su padre la acompañaba todas las mañanas hasta la combi y que siempre se ponía de necio y la esperaba en las noches, y luego dijo una frase que me estremeció: “Hay que disfrutar el tiempo que tenemos como familia, porque mañana tal vez ya no estemos juntos”.

Mi mente unió las dos situaciones, la primera se enfocaba en que las familias y grupos de amigos han realizando sus propias estrategias para cuidar a las mujeres de su círculo, y no es que la vida de un hombre no corra peligro, pero seamos honestos las mujeres nos enfrentamos más riesgos.

Y segundo, que tan complicada se ha convertido la vida cotidiana que tenemos presente la idea de no volver a ver a nuestra familia; nadie tiene la vida comprada, pero antes no pensábamos tan seguido en la inesperada muerte.

Padres de familia, parejas o conocidos, viven con la cruel agonía y terror de no volver a ver a sus hijas y familiares, se aterran que caminen por una calle oscura y alguien les haga daño al punto de arrebatarles la vida.

No es paranoia, estamos aterrados y no es para menos, la ONU denunció que en México asesinan alrededor de 9 mujeres al día, y se queda corto, en 2018 se registraron más de 760 carpetas de investigación por feminicidio, y el Estado de México fue el lugar con más casos de desapariciones, ataques y asesinatos de mujeres.

Puede sonar exagerado, pero la frase ¿Puedes venir por mí? es la diferencia entre correr peligro o llegar con vida a casa, porque vivimos en una sociedad que culpa a una falda en vez de a un asesino o violador en potencia, donde nos quieren obligar a no disfrutar de la noche y no pone a las autoridades hacer su trabajo, pero claro, si hasta las autoridades son parte del problema.

Se supone que como ciudadanos deberíamos tener la libertad de recorrer las calles en paz y sin miedo, las mujeres de nuestra familia tendrían que estar a salvo y sobre todo, formar una sociedad respetuosa de la vida y libertad.