“No hay más vida, no hay… no hay más risa, no hay… no hay más canto, no hay…llévame donde estés, llévame…”. Mi querida Diana, querida hija son casi tres años de tu ausencia. Escribirte estas palabras es lo más doloroso que hago.

Sabes, pienso que las madres que han perdido a sus hijas a causa de un feminicidio como yo, también les pasa como a mí; que el dolor es superior a sus fuerzas, porque sabemos que la ausencia es y será permanente.

Diana, yo te pienso todo el tiempo, a veces hasta trato de evadir tú recuerdo, porque para mí todo esto es muy triste. Perderte, me ha dejado sin ganas de vivir. Pues, ¿quién me iba a decir que te vería bajo la tierra? Tú, esa niña que saliste de mí vientre, que cuidé, que eduque, que protegí, que vi crecer día a día, hasta los 24 años; edad que tenías cuando te asesinaron.

Tu Dianita, tan diferente, inigualable e insustituible. Recuerdo tus enojos, tus tristezas, tu risa, tu voz, tus sueños; ahora truncados, asesinados y sepultados. Me acuerdo cuando comenzaste a trabajar vendiendo dulces, regresabas a la casa tan contenta porque te iba muy bien y traías tu dinerito… hacías tantos planes.

Decías que comprarías una computadora para hacer la preparatoria en línea, arreglarías tu pequeño cuarto y pondrías una bonita cortina en la ventana. Luego, cuando discutíamos por los libros, sobre si eran míos o eran tuyos… al final, te dije que compraramos un librero para las dos.

Mi niña, soñabas con casarte con Marcos y tener un hijo. Las dos nos hacíamos ilusiones con tu pancita, con la ropita de tu bebe, ¿recuerdas?, bromeábamos en que yo le cuidaría. Ya sé que eso sería a largo plazo, pues primero querías realizar tus sueños pequeños, y luego los grandes…pero al fin y al cabo eran tus sueños.

Extraño cuando ponías la música de tus artistas preferidos a todo volumen. Yo te decía que cuando comprará una bocina pondría a “Shakirita”, a ti nada más de te daba risa porque sabías que a mí no me gustaba.

Dianita, hoy ya todos esos sueños están muertos, están enterrados como tú. La casa es triste, yo sigo esperando los arreglos que harías en la venana, que aún sigue desnuda; está igual que cuando tu te fuiste. Los libros están olvidados, empolvados, ya nadie los lee, ya nadie les hace caso. Y yo estoy muerta, muerta en vida, cada vez me cuesta más trabajo seguir el camino, seguir en esta vida, seguir sin justicia.

Esta es una carta escrita por Lidia Florencio, madre de Diana Velázquez, víctima de feminicidio el 02 de julio de 2017 en Chimalhuacán, Estado de México; quien salió de su casa para hacer una llamada telefónica, y nunca volvió.

En aquel tiempo, el caso mostró la negligencia con la que actúan las autoridades en el Estado de México, pues el cuerpo de Diana fue “confundido” con el de un hombre, y entregado a su familia en proceso de descomposición.

Recordemos que Chimalhuacán forma parte de los 11 municipios mexiquenses con alerta de violencia de género desde 2015. Y de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), este municipio ocupa el primer lugar de feminicidios por cada cien mil mujeres.

Hasta la fecha la muerte de Diana sigue impune, no hay avances en las investigaciones, ni compromiso de las autoridades para esclarecer el feminicidio. Por lo que, durante casi tres años la señora Diana y su hija Laura han realizado numerosos actos de protesta, para visibilizar su caso y exigirle justicia a la Fiscalía Especializada de Feminicidios del Estado de México.