Este fin de semana como sucede tradicionalmente, se festejó el día del padre como cada tercer domingo del mes de junio.  Tradición de origen estadounidense propuesta en 1909, pero no es hasta 1924 que el presidente Calvin Coolidge lo estableció como día nacional y para 1966 el presidente Lyndon Johnson firmó una proclamación que declaraba el tercer domingo de junio como el Día del Padre en Estados Unidos.  

  La celebración se extendió rápidamente a otros países.  Esta celebración tenía como objetivo homenajear a los padres y reconocer su participación en la crianza y la educación de sus hijos; además como una manera de agradecer su sacrificios, dedicación y esfuerzo.

  Nos preguntamos ¿cuántos padres realmente participan en la crianza, cuidado y en la educación de sus hijas e hijos? ¿cuántos se esfuerzan, sacrifican y se dedican a lograr cada día el bienestar de ellas y ellos?  ¿cuántos padres están ausentes por el trabajo o por irresponsabilidad? ¿cuántos padres han dejado su función en manos de la esposa o la madre de las hijas e hijos? y no olvidemos a aquellos padres que han abandonado a su familia.  Existen algunas cifras aproximadas donde de diez padres cuatro abandonaron sus hogares.

  La paternidad tradicional remite a cuestiones culturales, sujeta a los roles sociales, estereotipos y a la reproducción biológica.  La paternidad responde a patrones aprendidos que permiten la pertenencia al género masculino, personificado en una autoridad paterna autoritaria.

  Pero ¿qué significa ser padre en estos días? sí el estereotipo de paternidad implica el de ser un padre proveedor, un padre preñador y un padre protector.  Sin embargo, el día de hoy es difícil cumplir con estas expectativas, pues las condiciones económicas y sociales ya no lo permiten. Los roles que tienen que ver con prácticas no equitativas, se han venido cuestionando desde la nueva perspectiva de género, entendiendo nuevas y diversas formas de relacionarse entre parejas, a veces no tan bien aceptado por parte de los hombres.

  La manera de relacionarse entre padres e hijos se ha ido transformando en los últimos años.  Algunas situaciones que la han ido modificando es la situación económica y social; la creciente ola de divorcios a raíz del ejercicio de derechos por parte de las mujeres.

 La aplicación de leyes que le dan preferentemente la guarda y custodia a la madre; al no saber enfrentar asuntos legales y emocionales muchos padres han decidido alejarse de manera permanente o intermitente de sus hijas e hijos; o definitivamente algunos hombres han decidido abandonar su responsabilidad sin entrar a cuestiones legales; recordemos a los padres que se fueron por cigarros y nunca regresaron.

  Los padres de hoy en día encuentran más dificultades para ejercer su paternidad por las características arriba mencionadas.  La nueva recomposición de las familias nos arroja una diversidad de estructuras y formas de relacionarse dentro de ellas; pero también existen diversas formas de reacciones negativas a estas nuevas estructuras familiares por parte de los padres en la mayoría de los casos de manera violenta.

  Existe un gran número de mujeres asesinadas por sus parejas y exparejas en México.  Algunas de estas historias tienen que ver problemas en relación con las hijas e hijos; por la división de los bienes o la exigencia de las esposas de la pensión alimenticia.  Todo esto a raíz de la incapacidad masculina de dialogar y cuestionarse su rol como padre y hombre en esta nueva sociedad.

  En estos días ser padre representa un serio replanteamiento de la figura tradicional, de lo que significa ser padre, pero también un cuestionamiento a la idea tradicional de ser hombre.  

  La violencia masculina desde un enfoque con perspectiva de género, se ha trabajado muy poco o casi nada, pues se ha trabajado con las mujeres como sujeta en el que recaen las violencias.  Sin embargo, deben existir, políticas públicas que trabajen con la visión de las nuevas masculinidades, para ir minando la caduca idea de la paternidad tradicional y machista.

  Por otro lado, hacer campañas sensibilizadoras para hombres, para que aprendan a reflexionar y cuestionar su propia identidad.  Implementar leyes que obliguen a los infractores que ejercen violencia hacia sus parejas y que son denunciados a tomar algún tipo de ayuda que le permita trabajar con sus violencias.  Esto irá originando una nueva masculinidad y una nueva paternidad diferente.

   Es necesario la construcción de esta nueva paternidad ante la crisis de la masculinidad tradicional con una real participación de los padres, un involucramiento real en el cuidado, la crianza y educación de los hijos y las hijas que necesitan, amor, tiempo y atención.  Una paternidad emocionalmente afectiva que adopte esta nueva  identidad masculina, reconociendo a las mujeres como iguales. Estas nuevas maneras de relacionarse permiten relaciones más placenteras, afectuosas y respetuosas.  

¡¡ POR UNA NUEVA PATERNIDAD RESPONSABLE!!

¡¡POR UNA PATERNIDAD NO AUSENTE!!

¡¡POR NUEVAS MASCULINIDADES!

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