Tras los lamentables hechos donde 22 personas murieron y 26 más resultaron lesionadas tras un tiroteo en un centro comercial de El Paso, Texas, volvieron a salir los que le echaron la culpa a los videojuegos de incitar a la violencia.

Es por muchos conocidos que los videojuegos gozan de una mala fama entre los más asustadizos y poco allegados a esta forma de entretenimiento, sobretodo en sectores religiosos y conservadores.

Uno de los exponentes del conservadurismo, proteccionismo e intolerancia más actuales es Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

“Tenemos que parar la glorificación de la violencia en nuestra sociedad (…) esos videojuegos horripilantes, espeluznantes, que son comunes hoy en día” dijo Trump.

Pero jugar juegos de disparos, peleas y otros actos violentos no son suficiente razón para creer que cualquiera que este expuesto a ellos se va volver un tirador.

¿Por qué? Porque siempre ha existido la guerra, los crímenes, las masacres y los videojuegos llevan existiendo un par de décadas.

Volverse un asesino implica un proceso psico

Los videojuegos, en especial los shooters o como tu mamá les dice “los de guerra”, generan una mayor afición a las armas que a los homicidios. Es frecuente que gamers de este tipo de títulos sepan identificar cada arma larga, pistola y equipo táctico que existen.

Pero esto no significa que sean asesinos ni los jugadores ni videojuegos, no hay masacre realizada con los controles de un Xbox o con una PlayStation, solo hay masacres hechas con armas, mismas que en EUA tienen acceso cualquier persona.

Los videojuegos de guerra responden más a una necesidad de mercado en donde hay personas dispuesta a pagar, ya que la cultura occidental en la que vivimos se encuentra inmersa en armas y violencia real que día a día cobra vidas y que sí es cierto que se ha normalizado, pero no por jugar al Fornite sino por toda la carga cultural que nos bombardea a diario.

Si quieren culpar a alguien de los tiroteos que sea a las armas.

Yo solo digo.