En distintos momentos aquí hemos documentado muchos casos que exhiben las fobias del gobierno federal y del propio presidente a una de las libertades básicas en democracia; la libertad de expresión.

El presidente Obrador y buena parte de su gobierno son intolerantes a la crítica y se empeñan en perseguir y censurar a los críticos de una gestión que, en sus primeros seis meses, ha resultado fallida.

Pero apenas en días pasados el presidente Obrador regaló a la sociedad mexicana dos retratos, de cuerpo completo, que confirman lo documentado aquí en no pocas ocasiones; que el mismísimo López Obrador es quien ordena la censura y la persecución de sus críticos.

Uno de esos retratos se pudo ver en “la mañanera” del martes 18 de junio, cuando el equipo de prensa de Palacio diseñó una celada contra el columnista Pablo Hiriart, severo crítico de AMLO.

Resulta que uno de los “paleros” de “las mañaneras” hizo referencia al diario El Financiero, para preguntar al presidente sobre la caída de las cifras de empleo, que registra el IMSS, y que informaron todos los medios.

La respuesta de Obrador no sólo fue grosera y agresiva sino que –lo más  importante–, mostró el retrato –de cuerpo completo–, de la intolerancia, el odio y la censura ordenada por el propio presidente, contra sus críticos.  

En respuesta al palero de “la mañanera” de ese martes, López Obrador empezó por decir que El Financiero “es un buen periódico”, pero luego vino “el pero”. Así, sin disimulo y sin ocultar su enojo por la crítica, el presidente remarcó que El Financiero es bueno “a pesar de que ahí trabaja Pablo Hiriart”.

¿Cuál es el mensaje? ¿A quién envía el mensaje el presidente Obrador? ¿Por qué ese mensaje público, ante una audiencia de millones? ¿Por qué “el palero” de las mañaneras utilizó como ejemplo a El Financiero, cuando la información era nota principal de casi todos los diarios?

Las respuestas están a la vista de todos.

El mensaje que manda el presidente es que Pablo Hiriart comete un acierto en sus críticas al nuevo gobierno y, por tanto, cotidianamente da en el blanco. Lo acertado de la crítica de Pablo enoja al presidente al extremo de preparar, personalmente, una celada contra el columnista y el diario para el que trabaja.

Por eso, el destinatario del mensaje es el propietario de El Financiero, a quien el presidente sugiere, de manera pública, que despida al columnista. Por eso, para enviar ese mensaje de la intolerancia presidencial, “el palero” de las mañaneras hizo referencia al diario donde publica Hiriart.

En el fondo, sin embargo, el presidente Obrador nos regala un retrato de cuerpo completo del tamaño de su intolerancia, su odio a los medios que no se someten a sus deseos y, sobre todo, a los periodistas críticos.

Y, por eso, porque se confirma que el propio presidente Obrador ordena las campañas de desprestigio, de persecución y censura contra sus críticos, debemos decirle gracias al presidente.

¡Gracias, presidente…! Porque al sugerir al propietario de El Financiero que despida a Pablo Hiriart, confirma lo que cuatro dueños de medios le confiaron al autor de ésta columna; “el presidente mandó decir que si te contrato tendremos problemas con su gobierno”.

¡Gracias, presidente…! Porque confirma la investigación aquí realizada hace poco más de un año, cuando su partido y su equipo de campaña pagaron millones de pesos para desacreditar a Ricardo Alemán, a quien difamó y calumnio uno de sus paleros preferidos –Julio Hernández López–, al que usted le pagó “con un huesito” en Radio Centro. Luego de la calumnia demencial montada en mi contra, en redes, usted mandó el mensaje para que me despidieran los medios donde publicaba y criticaba su candidatura.

¡Gracias presidente…! Porque al tiempo que usted alentaba el despido de Pablo Hiriat, su concesionario de radio preferido, el propietario de Radio Centro, también echó a otro crítico de su gobierno, a Sergio Sarmiento. Y le decimos gracias, presidente, porque confirma que Radio Centro es refugio de los aplaudidores de su gobierno.

¡Gracias presidente…! Por el retrato que regala a todos los mexicanos cuando ordenó la difamación pública de más de 30 periodistas críticos de su gobierno, a los que usted calumnio, lo que lo retrata como intolerante a la libertad de expresión.

Y, gracias, porque hoy no cabe duda que todas las campañas para calumniar a intelectuales, medios y periodistas críticos, salen de su oficina de Palacio. Gracias, porque se quitó la máscara de demócrata y exhibió al tirano que lleva al país a la ruina.

Al tiempo.