A principios del mes de septiembre del año en curso, alumnas de la Universidad Pedagógica Nacional de la Unidad Ajusco, mediante un “tendedero” que colocaron públicamente en ese plantel, buscaron visibilizar por medio de cárteles los diversos actos de acoso y hostigamiento sexual cometidos por algunos docentes y compañeros de esa institución. 

En las pancartas se señala que en febrero de 2018 se cometieron tres agresiones sexuales diferentes en los baños de la unidad Ajusco, así como otros dos casos: uno ocurrido en febrero de 2016, en el que un hombre abusó sexualmente de una niña de ocho años, quien es hija de una alumna de la universidad.

El otro sucedido en agosto de 2016, en el que una alumna entró al baño de mujeres, y mientras se encontraba dentro del sanitario se percató que alguien la estaba grabando con su celular, aunque se procedió legalmente el alumno que la videograbó continúo asistiendo a clases.

Esta no es la primera vez que se denuncian las agresiones sexuales, pues el pasado 21 de marzo de 2019 las alumnas realizaron una manifestación en ese mismo plantel. Sin embargo, las estudiantes que se atrevieron a denunciar fueron reprimidas, una de ellas Sianya Gutiérrez que fue amenazada con la “suspensión definitiva” por las autoridades educativas.

Asimismo, en un reportaje publicado el 11 de abril de 2019 en el medio electrónico Regeneración, se señala que en una Asamblea Interuniversitaria de Mujeres, las participantes hicieron un llamado a la comunidad estudiantil de todas las unidades de la UPN a no ser indiferentes ante la situación.

Puntualizaron: “necesitamos que te unas como persona, alumno/a, egresado/a y sociedad… a la erradicación de los abusos, violencia y acoso hacia las mujeres que nos encontramos en este espacio educativo”.

A través de diversos medios de difusión electrónicos en junio de 2018 se difundió una nota periodística en la que la directora de la UPN unidad 321 en Zacatecas, Teresa Cabral Fernández evidenció la violencia de género y el acoso sexual que son víctimas alumnas y docentes de ese plantel. 

Fernández Cabral detalló que en esa Unidad se vivía “un clima de terror”, de prepotencia, acoso laboral y hostigamiento. Además añadió que tres alumnas durante su gestión se acercaron para denunciar situaciones de acoso sexual; pero que sólo una realizó la denuncia en el Centro de Justicia para las Mujeres, mientras que las otras dos estudiantes prefirieron no hacerlo por temor a represalias.

Seguramente, estos no son los únicos casos que han ocurrido en esta institución de educación superior. En un reportaje realizado por El Universal publicado el 08 de mayo de 2019, titulado “Profesores, principales agresores en universidades de CDMX”; se especifica que las universidades con mayor número de quejas por violación, acoso, abuso y hostigamiento sexual son: la UNAM, el IPN, la UPN, el CIDE y la UACM. 

Peralta, Santos y Odiardi en esta investigación enfatizan que en la mayoría de los casos existe “falta de seguimiento, sanciones laxas, revictimización…y silencio de las universidades con tal de mantener el prestigio”.

La violencia sexual necesita ser reconocida por las universidades de educación pública como una problemática de interés prioritario, ya que la mayoría de éstas no cuentan con protocolos de atención internos para atender a las víctimas. 

#MeToo, #Times Up o #AcosoEnlaU se han convertido en espacios donde muchas mujeres han narrado sus terribles experiencias de violencia sexual; si bien, para algunos/as este no es el mejor camino para realizar una denuncia, para otros/as es una vía de liberación. 

La apuesta debería estar centrada en aprender de los errores y las omisiones, tomar cartas en el asunto, con el fin de convertir a las universidades en espacios seguros para todas y todos. 

 

Continuará…