De no ser que se presente un hecho excepcional o fuera de serie, López Obrador va a tener un largo periodo de gracia. El bono que le otorgó la sociedad con su voto le permite una capacidad de maniobra inédita.

Vicente Fox también tuvo la posibilidad de moverse con libertad. La votación en su favor le abrió un espacio que perdió en muy poco tiempo. Desaprovechó su triunfo y la identidad que muchos tuvieron con él. La sociedad quería sacar al PRI de la Presidencia a como diera lugar, encontrando en Fox al personaje idóneo para ello.

El desencanto llegó muy rápido porque Fox no fue el político que sus votantes, recordemos que entre ellos hubo mucho voto útil, habían imaginado. No pasaron muchos meses para que todos nos diéramos cuenta. Pasaron muchas cosas que provocaron ese desencanto, una de ellas, que no la única, fue el protagonismo de su esposa.

Con López Obrador, las cosas están siendo distintas, aunque parezcan tener escenarios similares. De origen. El bono que le otorgó la gran votación que obtuvo no se ve que lo vaya a perder. Lo que se está viendo es un fenómeno poco común para un Presidente que está iniciando su sexenio y que ha estado tan expuesto como él.

Sus niveles de popularidad han crecido de manera evidente y no hay indicios de lo contrario. A esto se suma que por más críticas y observaciones que le hacen no le pasa nada, sabe cómo hacerlas a un lado y más bien da la impresión de que se fortalece ante ellas.

Sus conferencias de prensa pudieran provocar que la gente se saturara o hartara; sin embargo, más bien da la impresión que no se ve que en el corto y mediano plazo algo así se vaya a presentar.

Un elemento que confirma el peso y trascendencia de sus conferencias, es el hecho de que lo que pasa en ellas se convierte en uno de los asuntos del día o en el tema del día, tanto en medios como en redes. La capacidad del Presidente para informar, instigar, cuestionar y responder a quienes llama sus “enemigos”, además de darle una gran capacidad de maniobra, le entrega a sus furibundos seguidores todo tipo de argumentos, quienes los interpretan muy a su manera.

Esta fórmula, haya sido pensada o no, le está dando a López Obrador una enorme fuerza. Le está permitiendo poner en la mesa los temas que él quiere. Sus respuestas muchas veces terminan colocando su opinión como algo que entra en los terrenos de lo que él define como “verdad”.

No se puede soslayar que en algunos asuntos ha cambiado su opinión. En función de sus antecedentes habrá que reconocer que es un avance. No tiene precisamente fama de escuchar o de cambiar de opinión.

Habrá que ver hasta dónde llega, por ejemplo, el tema de la Guardia Nacional. Por el momento las cosas se ven todavía confusas, pero hay indicios claros de que ha escuchado opiniones contrarias a lo que él quería.

No está claro si al final va a estar la Guardia Nacional en manos de un mando civil, como lo proponen una gran cantidad de especialistas nacionales e internacionales, o militares, como originalmente venía la propuesta del Presidente. Lo cierto es que López Obrador escuchó, ahora habrá que esperar lo que pasa en el Congreso porque éste no es el único tema a discutir sobre la Guardia Nacional.

Un elemento más para atender, en estos primeros meses de relación al límite e intensa entre López Obrador y la sociedad mexicana, es la lucha contra los huachicoleros que ha instrumentado el Presidente. Atacar el problema era urgente y el Presidente, sea como sea, lo está haciendo. El consenso es evidente, como lo muestran algunas encuestas.

Desde hace tiempo el político que mejor sabe leer los instintos de la sociedad mexicana es ya saben quién.

RESQUICIOS.

Bajo el lema “En Honduras Nos Matan” se avecina una nueva caravana. El gobierno ya hizo acuse de recibo, lo que debe evitar es cometer los errores del año pasado. No hay nada que cambie las cosas en Honduras y Trump ya tiene a la caravana en la mira.