En estos días han circulado aterradoras historias de mujeres que relatan cómo las han intentado secuestrar dentro y fuera del Metro, como si estos sucesos no fueran lo suficientemente terroríficos, también circulan noticias sobre 150 personas que durante los últimos años han desaparecido en distintas estaciones.

Si lo pensamos detenidamente, viajar en este medio de transporte es una verdadera hazaña en la que tienes que cuidar tus objetos de valor, tu cuerpo y hasta tu integridad, y es que aunado a que las instalaciones son deplorables, se trata de sobrevivir un ‘viajecito’ en esa bestia naranja.

Con 50 años de historia, el Metro tiene una gran serie de relatos que suenan descabellados ,pero que tienen una pizca de realidad y terror; como el relato de ‘Rosarito, la niña caníbal de Tacubaya’, la cual se remota a los años 70; un periódico alarmista de la época publicó sobre la desaparición de una niña de 8 años en las inmediaciones de la estación Tacubaya.

La infanta viajaba con su madre en la Línea 1 con destino a la colonia Jardín Balbuena, pero entre el tumulto de gente la niña se perdió. Días después surgió una crónica policiaca sobre la captura de una menor la cual era relacionada con reportes de apariciones de cuerpos mutilados.

La pequeñita fue capturada en esta estación y fue nombrada ‘la niña caníbal’, según sus declaraciones, se quedó atrapada en el interior del Metro después de permanecer varias horas escondida en los túneles, a donde huyó tratando de escapar de la gente.

Al filo de la medianoche la menor se encontró con un indigente quien había destapado una alcantarilla y se metió al túnel para dormir, pero este cayó y se fracturó un tobillo, el desafortunado hombre murió por las lesiones; en su desesperación por alimentarse, la niña comió parte de la piel del sujeto, que ya estaba separada del cuerpo debido a la fractura y la acción de roedores.

La pequeña pasó su vida en el Instituto Mexicano de Investigación Psiquiátrica, murió en 2010. Existe un acta del Ministerio Público que da fe de este caso, pero si lo reflexionamos un poco, el Metro es un limbo subterráneo que tiene historias olvidadas que podrían formar parte de una macabra película de terror.

Lo que realmente me alarma y aterra, como a cientos de mujeres, es que existan monstruos, que se aprovechen de este caótico medio de transporte para practicar actos tan deplorables como el secuestro, acoso y otros delitos que lastiman la integridad de las pasajeras, quienes juro, no viajan en este medio por gusto.

La historia de una ‘pequeñita caníbal’ no causa tanto horror como la idea de que sales a trabajar o estudiar, y ya no regreses a tu hogar porque alguien sin respeto por la vida decidió que la tuya vale ‘un veinte’.

Si la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum y la directora del Metro, Florencia Serranía, no toman en serio las denuncias de las víctimas, ellas serán las responsables de una verdadera pantomima de crueldad y truculencia que nadie les perdonará.

En esta ocasión hablo de crimen, de la amarga realidad de una ciudad cruel que nos sigue dejando manchas en la memoria colectiva y que no absolverá, o eso espero, si se le siguen arrebatando a sus hijas, que lo único que buscan es vivir en paz.