Son muchos los opinantes profesionales, intelectuales serios y ocurrentes de ocasión que pregonan la muerte del PRI en julio próximo.

Está claro que en todos los casos el ánimo es de hartazgo y de justo deseo de cambio.

Sin embargo, también es cierto que tanto los profesionales de la opinión, como los intelectuales de renombre y los ocurrentes de temporal se niegan a ver que el PRI no es solo el viejo acrónimo del partido tricolor y tampoco son solo sus gobiernos corruptos, políticos sátrapas y sus viejas prácticas.

No, el PRI también es la herencia corrupta, clientelar y saqueadora del dinero público que —desde el último medio siglo— corrompe a la derecha panista y a las izquierdas convertidos en supuestos adalides del cambio.

Hoy, por ejemplo, Ricardo Anaya es el mejor ejemplo del político que en pocos años reunió una fortuna millonaria y alcanzó los niveles más altos del poder, gracias a la transa, la engañifa y la mentira.

En realidad Anaya es la imagen emblema de la victoria cultural del PRI, metido a las entrañas del PAN.

¿Recuerdan cuando el PAN de Luis H. Álvarez y Castillo Peraza rechazó las prerrogativas electorales, porque eran “la señal inequívoca de la corrupción del PRI”?

Pues resulta que esas prerrogativas, convertidas en millones de spots, llevaron al PAN al peor nivel de corrupción de su historia, con un Ricardo Anaya transa y depredador del dinero público.

Y gracias a la transa, al agandalle y a que el PAN copió lo peor del PRI, hoy Anaya es candidato presidencial.

Vista así la victoria cultural de lo peor del PRI, más que a los funerales del tricolor asistimos a una suerte de “democratización de lo peor de las prácticas del antiguo PRI”. ¿Democratización de la transa y la corrupción? Si, porque el PAN de hoy es igual de transa y corrupto que el viejo PRI.

Pero el PAN es apenas un “remedo” de la universalización del PRI.

¿Por qué?

Porque el verdadero éxito cultural, político, ideológico y clientelar del PRI se llama Morena.

¿De verdad los profesionales de la opinión, los maestros del intelecto y los pensadores de temporal no han visto que la verdadera victoria cultural del PRI se llama Morena; partido motejado como “PRIMOR”?

¿No han visto “los sabios” que el producto más acabado del viejo y rancio PRI se llama Andrés y que lo motejan como El Mesías?

Morena y su dueño son los verdaderos herederos de lo más cuestionable del viejo PRI; son el puente histórico para transitar de los primeros 90 años de PRI, a las próximas décadas de un viejo partido que, le pese a quien le pese, ya es inmortal.

¿Y por qué es inmortal el PRI?

Por una razón elemental. Porque durante 90 años adalides y gracias a su vocación de cacique decimonónico adalides el PRI mantuvo vivo el “derecho de pernada” con todos los partidos, todos los políticos y, en general, con toda la clase política. Por eso, germinó su herencia perversa en todas las formaciones partidistas.

Dicho de otro modo, hoy todos los partidos con registro, desde el derechista PES, hasta el venezolano PT, llevan la genética del PRI, partido al que demonizan de dientes para afuera, pero del que nunca se podrán separar.

Pero lo más curioso es que aquellos que pregonan la muerte del PRI en los próximos 100 días no ven, cierran ojos y oídos para no presenciar que más que la muerte del PRI vivimos el cambio de casa y de amante del vetusto partido tricolor.

Y resulta de risa loca que mientras “le mientan la madre” a las siglas del PRI, a los rateros gobernadores del PRI, a los impresentables líderes del rancio PRI, al mismo tiempo aplauden al nuevo PRI de Morena, empezando por su dueño, pasando por Napoleón Gómez Urrutia, Manuel Bartlett, Elba Esther Gordillo, Marcelo Ebrard, René Bejarano…

¿De verdad creen que el PRI estará muerto en los próximos 100 días?

Pocos se han dado cuenta que el PRI al que supuestamente matará la elección de julio, en realidad empezó a morir cuando el gobierno de Peña Nieto decidió acabar “con los candados” que prohibían candidaturas sin militancias partidista.

Hoy el PRI tiene gobernadores no priistas que llegaron al poder gracias a las siglas del PRI, como el de Sinaloa. El PRI tiene como candidato presidencial a un no priista y tiene como candidato a CdMx, a otro no priista.

Y es que el PRI al que muchos odian, hace tiempo empezó su mutación hacia los ciudadanos sin partido, que ocuparán los más relevantes cargos de elección popular.

Y el verdadero PRI, el de la tranza y la corrupción anida en Morena y en el PAN. ¡Les guste o no!

Al tiempo.

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