En mala hora el candidato del PRI al Gobierno de la Ciudad de México, Mikel Arriola, cerró su precampaña con un encendido discurso en contra del uso lúdico de la mariguana, entre otros temas.

Tal vez le sirva para atraer el voto de un sector de la población capitalina, de tradición panista y que no se identifica con su candidata Alejandra Barrales.

Pero el tema va mucho más allá de lo electoral. Es más importante que obtener unos votos adicionales.

Ponerse como valladar a una tendencia que irreversiblemente va hacia la despenalización de la mariguana en México y en el mundo es ir contra el sentido común. Frenar la despenalización de la mariguana es retrasar lo inevitable.

Quienes se han opuesto (como yo) a despenalizar el consumo de mariguana, están (estamos) obligados a cambiar de opinión porque nuestra realidad cambió.

Ya en Estados Unidos esa droga es de uso libre en casi todo el país. Eso da un vuelco a todo el panorama.

¿Qué hacemos en México persiguiendo adolescentes por llevar mariguana en sus bolsillos o transportándola a un país donde está permitida?

Las cifras son abrumadoras como para convencer al más duro de que es preciso cambiar de estrategia y de opinión.

Héctor Aguilar Camín, en su columna Día con Día, citó la semana pasada un estudio coordinado por Catalina Pérez Correa que dice lo siguiente (reproduzco textual):

Según la PGR, entre 2006 y 2014 fueron detenidas en México 156 mil personas por consuno de mariguana.

En 2012, seis de cada diez reos en reclusorios federales estaban presos por delitos contra la salud. El 67 por ciento de ellos, por consumo de mariguana.

En los 15 estados que dieron información sobre los menores infractores se descubrió que también seis de cada 10 están recluidos por consumo de mariguana.

En 2013, tres mil personas fueron detenidas en la Ciudad de México acusadas de delitos contra la salud, todas ellas vinculadas a la posesión o consumo de mariguana (Hasta ahí la cita).

Hace unos días le pregunté a un alto mando de las Fuerzas Armadas, en el marco de una conversación privada: ¿despenalizar o no despenalizar la mariguana?

-Sí, despenalizar, dijo sin rodeos. Gradualmente. Empezar con el uso medicinal.

Pero lo que hace Mikel Arriola con un discurso electorero es agitar en favor del freno a ese proceso inevitable, y causar más daño a la población de bajos ingresos.

No sé si el estudio de Pérez Correa lo dice, pero puedo asegurar que casi el cien por ciento de esos jóvenes presos son pobres… a pesar de que el consumo de mariguana es parejo en distintos niveles sociales.

El contexto en que se defendía el prohibicionismo cambió y sostenerlo arroja cifras dramáticas. No es una vergüenza cambiar de opinión, sino reconocer que la realidad es distinta y ya no se puede seguir pensando lo mismo para enfrentar un problema que evolucionó.

Mientras más nos tardemos en reconocerlo, más presos habrá y menos campañas contra esa adicción se llevarán a cabo por parte de las autoridades.

No se necesitan posiciones moralistas ante una realidad que nos rebasó, sino campañas de información que expliquen lo dañino del consumo de mariguana y frenar por la vía del convencimiento la tendencia a la adicción.

Hubo una extraordinaria campaña contra el tabaquismo, con restricciones para fumar en lugares públicos, que hizo descender el consumo de cigarrillos.

Lo mismo hay que hacer contra la mariguana, mientras gradualmente se despenaliza en todas sus modalidades. Y observar el comportamiento social ante la permisividad de drogas.

Pero lo que no se puede hacer es negar la realidad y bloquear hasta el lento el gradualismo con el cual se avanza hacia la despenalización de drogas como la mariguana.

Tache para Arriola. Y no precisamente en la boleta electoral.

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